jun
21
2010
Homenaje a José Saramago
Author: adminTarde en publicar este post sobre Saramago por varias razones. La primera, sin dudas, tiene que ver con lo poco preparada que estoy para poder hablar de semejante autor. La segunda quizás, que al tener tanto que decir, no sabia como hacerlo sin convertilo en una falta de respeto o una sensibileria amiga de lo cursi. La tercera, y aludiendo a mis momentos de copy-paste esperando que a fin de resolverme el conflicto alguien publicara algo que me salvase, de dicho menester. Así fue, una vez mas, Educared lo hizo, así que les dejo la nota publicada por ellos el día 18/06 y que se titula: Las letras de luto: fallecimiento de José Saramago
“Llevamos siglos preguntándonos los unos a los otros para qué sirve la literatura y el hecho de que no exista respuesta no desanimará a los futuros preguntadores. No hay respuesta posible. O las hay infinitas: la literatura sirve para entrar en una librería y sentarse en casa, por ejemplo. O para ayudar a pensar. O para nada. ¿Por qué ese sentido utilitario de las cosas? Si hay que buscar el sentido de la música, de la filosofía, de una rosa, es que no estamos entendiendo nada. Un tenedor tiene una función. La literatura no tiene una función. Aunque pueda consolar a una persona. Aunque te pueda hacer reír. Para empeorar la literatura basta con que se deje de respetar el idioma. Por ahí se empieza y por ahí se acaba”.(José Saramago) Se recordará durante muchos pero muchos años el 18 de junio como un día de duelo, de pérdida. El escritor portugués José Saramago, autor de maravillosas obras como El evangelio según Jesucristo o Ensayo sobre la ceguera, murió en su casa de Lanzarote, en las Islas Canarias, en España, a los 87 años. A las 12: 30 del mediodía español, el escritor se despidió de este mundo, según relatan sus familiares, de manera serena entre los que amaba. El sitio de la fundación que lleva su nombre presenta en su pantalla inicial, el fondo negro como señal de luto y de despedida. Para acceder al blog que escribió el autor de La balsa de piedra, visitar “El cuaderno de Saramago” y “Otros cuadernos de Saramago”. El autor creía en la infinidad de posibilidades que poseía la red de intenet y sostenía desde hace tiempo sus bitácoras virtuales. Es casi una obligación detenerse en las últimas palabras que aparecen allí. “Durante su vida, el portugués José Saramago fue siempre un intelectual comprometido con la izquierda, incluso en sus momentos de mayor crisis. Crítico incesante del poder y la globalización, a lo largo de los años desgranó una serie de reflexiones y sentencias en diversos foros y entrevistas con dpa, desde temas políticos a literarios.
José Saramago nació el 16 de noviembre de 1922 en Mora en Azinhaga (Ribatejo, Portugal). “Al inscribirse en la escuela primaria se descubrió que por error se incluyó en su certificado de nacimiento el apodo familiar, Saramago, como apellido. De esta forma, José se convirtió en el primer Saramago de la familia Meirinho Sousa.” El periódico español El País, recorre en sus páginas, las distintas fechas y los eventos más significativos de la vida del autor. De este modo, los lectores pueden saber cuándo y con quién contrajo matrimonio, dónde vivió, cuál fue el primer libro que le regalaron, sus trabajos, etc. A su vez, se puede acceder a un texto realizado por Darío Fo, escritor ganador del premio Nobel de literatura e 1997, un año antes que José Saramago. “Dario Fo recuerda a Saramago” se titula la nota y comienza de este modo: “Una noticia horrible. Todavía no me lo creo”. La voz de Dario Fo llega extrañamente apagada y emocionada a través del teléfono. El actor y escritor italiano (Varese, 1926), premio Nobel de la Literatura en 1997, está a punto de emprender otra tarde de ensayos en Parma, pero no quiere renunciar a recordar al amigo que acaba de morir. “José y yo no solo éramos compañeros de trabajo. Éramos amigos de verdad”, afirma. “Nos veíamos a menudo, con Franca [Rame, pareja sentimental y artística de Dario Fo] y su mujer, Pilar del Río. Pasamos muchos bonitos momentos todos juntos”. La última vez, fue hace dos años en Granada, con ocasión de un premio otorgado a ambos y que, de común acuerdo, devolvieron a la Isla canaria del Hierro, para que la administración local procediera con su proyecto de hacerla 100% eco sostenible. “Él vino a Italia a presentar su último libro el año pasado, pero yo no estaba y así no volví a verle nunca más”. Para leer este testimonio de amistad, uno de los tantos que estarán disponibles en la web a partir de esta fecha, hacer click aquí. En entradas anteriores de Guía de Letras, se pueden encontrar enlaces sobre la obra y la vida del escritor portugués recientemente fallecido. “José Saramago será incinerado el domingo en Lisboa, la ciudad en cuyo ayuntamiento quedará instalada mañana la capilla ardiente. Hasta días antes de su muerte, el Premio Nobel trabajaba ya en una nueva novela, Alabardas, alabardas, espingardas, espingardas. Ese título, tomado de un verso de su paisano Gil Vicente, recoge la historia de un obrero de una fábrica de armas. Llevaba escritas alrededor de 30 páginas, según sus editores.” Vale la pena recorrer la galería de fotos, los enlaces a otros sitios y las entrevistas presentes en esta página. “El hombre más sabio que he conocido en toda mi vida no sabía leer ni escribir. A las cuatro de la madrugada, cuando la promesa de un nuevo día aún venía por tierras de Francia, se levantaba del catre y salía al campo, llevando hasta el pasto la media docena de cerdas de cuya fertilidad se alimentaban él y la mujer. Vivían de esta escasez mis abuelos maternos, de la pequeña cría de cerdos que después del desmame eran vendidos a los vecinos de la aldea. Azinhaga era su nombre, en la provincia del Ribatejo. Se llamaban Jerónimo Melrinho y Josefa Caixinha esos abuelos, y eran analfabetos uno y otro. En el invierno, cuando el frío de la noche apretaba hasta el punto de que el agua de los cántaros se helaba dentro de la casa, recogían de las pocilgas a los lechones más débiles y se los llevaban a su cama. Debajo de las mantas ásperas, el calor de los humanos libraba a los animalillos de una muerte cierta. Aunque fuera gente de buen carácter, no era por primores de alma compasiva por lo que los dos viejos procedían así: lo que les preocupaba, sin sentimentalismos ni retóricas, era proteger su pan de cada día, con la naturalidad de quien, para mantener la vida, no aprendió a pensar mucho más de lo que es indispensable. Ayudé muchas veces a éste mi abuelo Jerónimo en sus andanzas de pastor, cavé muchas veces la tierra del huerto anejo a la casa y corté leña para la lumbre, muchas veces, dando vueltas y vueltas a la gran rueda de hierro que accionaba la bomba, hice subir agua del pozo comunitario y la transporté al hombro, muchas veces, a escondidas de los guardas de las cosechas, fui con mi abuela, también de madrugada, pertrechados de rastrillo, paño y cuerda, a recoger en los rastrojos la paja suelta que después habría de servir para lecho del ganado. Y algunas veces, en noches calientes de verano, después de la cena, mi abuelo me decía: “José, hoy vamos a dormir los dos debajo de la higuera”. Recordar las palabras pronunciadas por José Saramago en el discurso de aceptación del Premio Nobel es realmente conmovedor. Para disfutar del texto completo, para leer entrevistas, para acceder a su biografía, bibliografía y premios, nada mejor que entrar a este sitio dedicado a la obra y a la vida de José Saramago. Para recordar, para no olvidar, nada mejor que volver a pasar por el corazón las maravillosas palabras de Saramago. Leer sus obras es el mejor homenaje que podemos hacerle. Hoy y siempre. |
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Fuente: Educared





“Llevamos siglos preguntándonos los unos a los otros para qué sirve la literatura y el hecho de que no exista respuesta no desanimará a los futuros preguntadores. No hay respuesta posible. O las hay infinitas: la literatura sirve para entrar en una librería y sentarse en casa, por ejemplo. O para ayudar a pensar. O para nada. ¿Por qué ese sentido utilitario de las cosas? Si hay que buscar el sentido de la música, de la filosofía, de una rosa, es que no estamos entendiendo nada. Un tenedor tiene una función. La literatura no tiene una función. Aunque pueda consolar a una persona. Aunque te pueda hacer reír. Para empeorar la literatura basta con que se deje de respetar el idioma. Por ahí se empieza y por ahí se acaba”.


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