Un dia peronista, un dia de tristeza…
¿Qué pasaría…?
¿Qué pasaría si un día despertamos dándonos cuenta de que somos mayoría?
¿Qué pasaría si de pronto una injusticia, sólo una, es repudiada por todos, todos los que somos, todos, no unos, no algunos, sino todos?
¿Qué pasaría si en vez de seguir divididos nos multiplicamos, nos sumamos y restamos al enemigo que interrumpe nuestro paso?
¿Qué pasaría si nos organizáramos y al mismo tiempo enfrentáramos sin armas, en silencio, en multitudes, en millones de miradas la cara de los opresores, sin vivas, sin aplausos, sin sonrisas, sin palmadas en los hombros, sin cánticos partidistas, sin cánticos?
(Benedetti)
Hoy una tristeza me invade, quizas sea mi primer tristeza ciudadana, y que lindo pesar. Esta emoción que hoy me trae mi país, la voy a disfrutar para poder un día contársela a mis nietos. Muchos me han preguntado: ¿Sos Kichnerista???, y no lo se, creo que si. Yo nací en el ’80, no recuerdo la vuelta a la democracia, mi primer recuerdo político fue con al asunción de Menem. ¿Que nos traería aquel patilludo con poncho? a mi familia de clase media, nunca se nos hubiera ocurrido que ese patilludo empeñaría el poncho para comprar deuda, que vendería las patillas por doctrinas neo-liberales y que por suerte me permitiría tener varios televisores a color en casa. Después vino un gobierno radical, que nos ventilaría las partes achicharradas por la privatización, la flexibilidad laboral, la descentralizacion y demás palabras de mas de 5 silabas. Y que nos paso? 2001, 3 entrevistas por día de trabajo, inflación, corralito, y demás palabra de 4 silabas, achicamos en todo. Y entonces, volvió el Peronismo. Se fue con muertes, crisis,miedo y seguimos achicando, esta vez a 2 silabas. Y finalmente con poca fe vino este hombre feo, raro, del sur, con un apellido difícil. Me sorprendió. Conseguí trabajo, rumbo, algo en que creer, un lugar en el mundo. Soy Maestra, amo serlo, trabajo en zonas en donde niños sin zapatillas, en situación de calle, sufrían el hambre y el abandono. Hoy estos chicos, que tienen delantal blanco, esperanza en los ojos, pan en el bolsillo e identidad como parte de algo que quizás tenga sentido. Soy Maestra de Musica, enseño a cantar el Himno, lo enseño con los saltos armónicos correctos, el tempo adecuado, la tonalidad correcta. Pero debo reconocer que nunca escuche cantarlo tan hermosamente como en estos últimos años. ¿Estoy triste? Si, muchísimo. ¿Tengo miedo? si, sin dudas. Tengo miedo que mis hijos, mis alumnos, mi familia, mis amigos, mis compañeros, dejen de cantar el himno como lo han hecho en estos últimos años. Que lo dejen de cantar para que la gente de “viva el cáncer” pueda sonreír tranquilos. Miedo a tener que enseñarlo sin que las palabras sigan teniendo significado y sentimiento. ¿Soy Kichnerista? Si, no me permito ignorar aquello que me han permitido sentir y que no me abandona. Hoy la lógica del destino (que no permite desvíos), continua achicando silabas a un sentir popular que nos invade y nos merece gratitud. Nestor, gracias por darme Fe.









